Cuenca es más ciudad desde que me rozas. Desde que me cuidas, desde que me meces.
Cuenca me dijo que tenías que encontrarme. Que tenía que encontrarte. Que teníamos que encontrarnos.
Cuenca nos regala calles adoquinadas. Brisa del Huécar y Tormo en una terraza del casco con besos cada 3 minutos.
Tú me regalas ternura. Risa y sonrisa. Tú me regalas la vie en rose. Dulzura, protección y confianza plena.
Caricias a las 2:45 en la barra de cualquier bar de Cuenca que es más ciudad desde que nos vio pasear de la mano por Alfonso VIII.
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