Somos dos notas comunes,
además creamos armonía,
y que armonía…
tú en clave de Sol,
yo sigo en Fa,
sostenida a tus manos y a ese puntillo,
que no suma tiempo, sino que me divide.
Que no quiero staccatos innecesarios,
saltando, sin saber ni el origen ni el destino.
Y que los acordes con dos notas
también pueden armonizarte,
tanto, o más, que los de seis, cuatro o quince.
Eres escala, doble escala,
eres Do y Si
y vuelves a ser Do,
y otra vez Si.
Si hubiera SiDo como al inicio de esta pieza
quizás no me hubiera interesado en seguir afinando.
Como un cuarteto de cuerdas desafinado,
como cuando salta la quinta,
como la sordina sin ton ni son,
como cuando enciendes la luz y te hiere,
como cuando arde y parece que quema demás,
como cuando el silencio te grita,
y luego pienso, afino y me digo: “tiene sentido, vale la pena”.
Y es que Andrés Suárez me habla de ti,
cada madrugada,
“Vuelve”,
“Hay algo más”…
y te imagino de nuevo tumbándome el alma…
ahí se me parten los pentagramas y todo es ruido.
además creamos armonía,
y que armonía…
tú en clave de Sol,
yo sigo en Fa,
sostenida a tus manos y a ese puntillo,
que no suma tiempo, sino que me divide.
Que no quiero staccatos innecesarios,
saltando, sin saber ni el origen ni el destino.
Y que los acordes con dos notas
también pueden armonizarte,
tanto, o más, que los de seis, cuatro o quince.
Eres escala, doble escala,
eres Do y Si
y vuelves a ser Do,
y otra vez Si.
Si hubiera SiDo como al inicio de esta pieza
quizás no me hubiera interesado en seguir afinando.
Como un cuarteto de cuerdas desafinado,
como cuando salta la quinta,
como la sordina sin ton ni son,
como cuando enciendes la luz y te hiere,
como cuando arde y parece que quema demás,
como cuando el silencio te grita,
y luego pienso, afino y me digo: “tiene sentido, vale la pena”.
Y es que Andrés Suárez me habla de ti,
cada madrugada,
“Vuelve”,
“Hay algo más”…
y te imagino de nuevo tumbándome el alma…
ahí se me parten los pentagramas y todo es ruido.