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Y vuelves a atrapar mi tristeza para esconderla en tu bolsillo, para alejarla de mi...De nuevo has sembrado el jardín de mis pesadillas con nuevos sueños, con otras esperanzas... Y yo sigo llena de amor por todo aquello que te pertenece, llena de celos por todo lo que te roza y me quita un trocito de ti... Y tú sigues aquí, entregándome la vida en cada suspiro, suplicando por mis besos sin saber que ni siquiera tienes que pedirlos... Porque son tuyos, porque yo ya no soy mía, sino tuya

lunes, 31 de octubre de 2016

Kamikaze

Nos quisimos a destiempo, a deshora, a descompás.

Nos quisimos como un kamikaze y con cautela.

Nos quisimos en 3/4, en 4/4 y en 1+1 es 1.


Te quiero en valor adelantada, me quieres en valores aterrados. Te quiero en doble fila, en luces de emergencia, en cierre de aquel bar, en "¿me ayudas a hacer la cuenta, enana?", en abrazos por la Calle Pilares, en descenso por Alfonso VIII y en parada solicitada en Avda. del Mediterráneo. 

Te quiero los diluvios de los miércoles y los 25 grados del Sábado de Octubre.

Nos quisimos dejar llevar, nos quisimos dejar mecer, nos quisimos dejar amar.

Te quiero subiendo por el Parador, bajando Puerta Valencia, subiendo por la puerta de San Juan o bajando por Calderón de la Barca.
 Te quiero a mi derecha riendo, a mi izquierda soñando y frente a mí viviendo, soñando y riendo. Queriendo.

La vie en rose

Cuenca es más ciudad desde que me rozas. Desde que me cuidas, desde que me meces.
Cuenca me dijo que tenías que encontrarme. Que tenía que encontrarte. Que teníamos que encontrarnos.
Cuenca nos regala calles adoquinadas. Brisa del Huécar y Tormo en una terraza del casco con besos cada 3 minutos.

Tú me regalas ternura. Risa y sonrisa. Tú me regalas la vie en rose. Dulzura, protección y confianza plena.
Caricias a las 2:45 en la barra de cualquier bar de Cuenca que es más ciudad desde que nos vio pasear de la mano por Alfonso VIII.

sábado, 15 de octubre de 2016

De

A veces aparece y no tienes ni que preguntarte el porqué. Simplemente llegó y te meció en una balsa de caricias infinitas. Vestía ojos grises, azules y en noches lluviosas hasta verde oliva.
Llega y desaparecen las dudas, las incertidumbres y los miedos.
Llega y sabes que sí, que es él, que va a ser él siempre.
Llega y sabes que su risa es tu melodía favorita.

Llega y sabes que no hay lluvia, tormenta o diluvio que te frene. Llega y sabes que tus pasos pesan mucho más, que pueden mucho más, que llegan mucho más, que llegan a él. Y él... Es él.
Llega y tus fantasmas se esfuman de un beso, de un soplido, de un "me encantas".
Llega él, te cambia la vida y la forma de mirar, de volar y de querer.