Tuve que arruinar parte de mi vida y la de los que más quiero. Tuve que perder años de mi vida, dinero, tiempo. Tuve que derramar lágrimas y hacer que las derramaran. Sufrí e hice sufrir. Tuve que volver a esta ciudad que no es que me haga vibrar. Tuve que entrar en la UCLM para que de pronto apareciera él en el pupitre del otro lado. Dos generaciones distintas, dos cuerpos lejanos se quisieron encontrar en la ciudad de las Casas Colgadas. Fíjate que tú ibas para Sevilla, yo para Madrid y el destino a veces es caprichoso y yo creo en él. Creo en la vida que te puso en mi camino, llegando como un huracán, con los ojos llenos de luz, el corazón dispuesto a abrazar y las manos dispuestas a querer y a ayudar, a empujar. Con tu mano izquierda y tu mano derecha dibujas color en los días más grises, me traes la suerte a la vida. Me partes los esquemas, río hasta que me duela la tripa, lloro hasta que me sacas carcajadas y sueño con viajar a tu lado, llegar a Thailandia, pisar la pirámide de Keops, lanzar las dos monedas a la Fontana, correr por los Campos Elíseos, comprar en un bazar de Marruecos, bailar un tango en Buenos Aires…subir al Casco, respirar, y gritar al “eco” que está entre las hoces. Porque si es de tu mano, el destino, el lugar o las piedras del camino son meros compañeros de la aventura.
Te quiero en modo superlativo, te quiero en formato carcajada, en formato sonrisa o en formato lágrima. Te quiero cuando me abres las ventanas a la realidad y cuando me dibujas un “Nunca Jamás” en la habitación y yo sonrío y me escapo con Peter. Eres confidente, amigo, hermano y casi mi amor entero y eterno. Eres LUZ.
Porque la amistad no consiste en años de antigüedad, sino en permanecer y tú, flaquito mío, has sabido quedarte en mí.
Porque la amistad no consiste en años de antigüedad, sino en permanecer y tú, flaquito mío, has sabido quedarte en mí.
Te quiero en términos absolutos (te quiero absolutamente), aunque eso suponga defender tu nombre en una batalla (y en la Tercera Guerra Mundial si es necesario), proclamarme tu admiradora o bendecir tus sueños (y cumplirlos contigo).
Todavía no me ha dado tiempo a aterrizar y concienciarme de que te me vas, de que no te voy a tener a 10 minutos de casa en la 204, de que voy a extrañar tu olor, tu risa y tus maneras de vivir. Que solo es un “hasta luego” y a mi se me hacen un mundo estos dos meses que hay por delante.
Solo puedo darte las gracias por iluminarme, traerme felicidad y sonrisas infinitas. No te imaginas lo que has supuesto para mí desde aquel día en el banquito de la Facultad, tú con la sudadera de la banda y yo con mi chubasquero rojo charol........
