Enlutar el suelo
con tu vaquero negro,
inhalar cada
mechón de tu estúpida melena.
¿Su nombre?
Lo dejaremos en
J.
J. bebía whisky
barato
aquella noche de
Agosto,
y yo con apenas
16 vueltas
alrededor del
Sol
deseaba ser su
alcohol,
su embriaguez,
humedecer su
labios,
deslizarme por
su garganta
como si de un
tobogán se tratase,
quise ser de
líquido.
J. vestía
americana azul marino,
deducí que se
había colocado la sonrisa bien temprano,
impoluta,
perfecta, casi celestial.
No tenía edad,
no tenía procedencia,
pero se llamaba
J.
Deducí que por
sus manos ilegales
habían pasado
muchas "guitarras" y
había construído
demasiados amaneceres
en el asiento de
atrás de un coche.
Mientras tanto,
subí
a los aledaños
de mí misma
y a cada calada
me preguntaba
dónde había
estado escondido su olor
durante tantas
primaveras.
Pero resultó que
el rozaba la treintena
y ella no
llegaba a los 20,
ojalá a los
18...
Y aunque fueran
las 4:10
y el whisky
siguiera discurriendo,
resultó que J.
no se dejaba engañar
y tuvimos que
declarar huelga general de caricias.
Pero más tarde
resultó que ella
se ha hecho
mujer
y que aunque él
tenga "treintaitantos"
ella ya pasó los
20,
y entre tanto
tonto
por la vida de
ella
y tantas curvas
en la de él,
están a 3
semanas
de alquilarse
sus ombligos.
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