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Y vuelves a atrapar mi tristeza para esconderla en tu bolsillo, para alejarla de mi...De nuevo has sembrado el jardín de mis pesadillas con nuevos sueños, con otras esperanzas... Y yo sigo llena de amor por todo aquello que te pertenece, llena de celos por todo lo que te roza y me quita un trocito de ti... Y tú sigues aquí, entregándome la vida en cada suspiro, suplicando por mis besos sin saber que ni siquiera tienes que pedirlos... Porque son tuyos, porque yo ya no soy mía, sino tuya

viernes, 25 de enero de 2013

J.


Enlutar el suelo con tu vaquero negro,
inhalar cada mechón de tu estúpida melena.

¿Su nombre?
Lo dejaremos en J.

J. bebía whisky barato
aquella noche de Agosto,
y yo con apenas 16 vueltas
alrededor del Sol
deseaba ser su alcohol,
su embriaguez,
humedecer su labios,
deslizarme por su garganta
como si de un tobogán se tratase,
quise ser de líquido.

J. vestía americana azul marino,
deducí que se había colocado la sonrisa bien temprano,
impoluta, perfecta, casi celestial.

No tenía edad,
no tenía procedencia,
pero se llamaba J.

Deducí que por sus manos ilegales
habían pasado muchas "guitarras" y
había construído demasiados amaneceres
en el asiento de atrás de un coche.

Mientras tanto, subí
a los aledaños de mí misma
y a cada calada me preguntaba
dónde había estado escondido su olor
durante tantas primaveras.

Pero resultó que el rozaba la treintena
y ella no llegaba a los 20,
ojalá a los 18...

Y aunque fueran las 4:10
y el whisky siguiera discurriendo,
resultó que J. no se dejaba engañar
y tuvimos que declarar huelga general de caricias.

Pero más tarde resultó que ella
se ha hecho mujer
y que aunque él tenga "treintaitantos"
ella ya pasó los 20,
y entre tanto tonto
por la vida de ella
y tantas curvas en la de él,
están a 3 semanas

de alquilarse sus ombligos.

jueves, 17 de enero de 2013

Sumatorio

Ese, tu dedo índice,
tiende al infinito sí,
como umo de esos límites
con incógnita,
la de tus caderas,
integradas en el vaivén
de tu melodía preferida.


Que ya conozco el sumatorio
de tus besos y arañazos,
aunque tú no el de
los remiendos de mi alma.


La derivada de esta función (de teatro)
ha tenido siempre una pendiente en caída libre.


Los intervalos de nuestros "bailes"
tendían al infinito (sí, como tu índice),
y aunque la probabilidad de que vuelvas a pronunciarme
sea discretamente inalcanzable,
no me duele en valores absolutos
porque mis senos ya tuvieron
una tan-gente más perfecta y delicada.