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Y vuelves a atrapar mi tristeza para esconderla en tu bolsillo, para alejarla de mi...De nuevo has sembrado el jardín de mis pesadillas con nuevos sueños, con otras esperanzas... Y yo sigo llena de amor por todo aquello que te pertenece, llena de celos por todo lo que te roza y me quita un trocito de ti... Y tú sigues aquí, entregándome la vida en cada suspiro, suplicando por mis besos sin saber que ni siquiera tienes que pedirlos... Porque son tuyos, porque yo ya no soy mía, sino tuya

viernes, 28 de diciembre de 2012

Los viejos sueños eran buenos sueños


Hace tiempo que abrí este pequeño espacio, y también hace tiempo que lo abandoné, pero hoy me veo con fuerzas y alma para reanudar esta historia, porque al fin y al cabo escribo sobre mí, sobre la historia de mi vida.

Demasiados sucesos los ocurridos, y podría deciros que la mayor parte de ellos me han hecho volar hacia un nuevo mundo, una nueva vida en la que predomina por encima de todo la libertad.  Pero no creo que el hecho trascendental en esta época de mi vida se merezca si quiera la primera entrada de la nueva historia.
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Quizás os parezca una tontería, pero no ha muchas semanas atrás descubrí la que podría nombrar la película de mi vida,  en la que he descubierto verdaderamente lo que es el amor en estado puro, limpio y cristalino y de la que, sin razones aparentes, se podría decir que he huído durante algún tiempo pues títulos de este calibre los voy dejando para más adelante, como si tuviese miedo o quizás respeto, eso sí, durante el transcurso de ese tiempo he ido llenando mi filmoteca de títulos absurdos,  carentes de todo y llenos de ....nada.
Tras ver "Los puentes de Madison" me encontré de cara con un sabor muy agridulce, sentí el amor entre Francesca y Robert, lo respiré, lo intuí... Tuve la sensación de haber perdido yo a Robert Kincaid, sentí el alma rota en cien mil pedazos. 

Que yo ya se eso de que son cosas de películas y todas esos comentarios de ciertas personas que disfrutan rompiendo la magia de la vida en general (y en particular).

Aprendan de las palabras de él, de las manos de ella, de las miradas de ambos, sepan lo que es el amor en estado puro, bruto y natural



“Y vuelves a atrapar mi tristeza para esconderla en tu bolsillo, para alejarla de mí. De nuevo has sembrado el jardín de mis pesadillas con nuevos sueños, con otras esperanzas. Y yo sigo llena de amor por todo aquello que te pertenece, llena de celos por todo lo que te roza y me quita un trocito de ti. Y tú sigues aquí, entregándome la vida en cada suspiro, suplicando por mis besos sin saber que ni siquiera tienes que pedirlos. Porque son tuyos, porque yo ya no soy mía, sino tuya.”

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